Había vagado varios meses, y para cuando me detuve estaba muy sedienta; debía estar en alguna parte de la Amazonía cuando la vi tumbada y llena de fango, estaba sollozando, se sentía enferma y estaba débil, había escapado del hospital.
Caminé hacia ella esperando ser sigilosa y que no se diera cuenta que la vigilaba. De la nada volteó la cabeza hacia mi y me enfocó; tardó un par de minutos hacerlo pero, cuando lo logro entré en su mente y me vi a través de ella.
Un aura pintaba mi cuerpo haciéndome parecer un ángel. Vestía unos vaqueros gastados, una cazadora de piel a punto de morir, una camiseta de algodón marrón por el fango e iba descalza, un verdadero espectáculo de belleza.
Sonreí y salí de su mente. Me acerque descaradamente a ella y la tomé en mis brazos. Mí tacto era frío, eso la asusto un poco, pero después se calmó.
-¿Quién eres?-pregunto. Le vino un acceso de tos, me acerque a ella para oír su corazón, sus órganos colapsaban; iba a morir. Le sonreí compasivamente.
- Digamos que soy quien te puede ayudar a que te recuperes, ¿te interesa?- dije arqueando una ceja y sonriendo. Ella negó lentamente con la cabeza, me sentí culpable por ser tan directa, le sonreí mas tímidamente y se acomodo en mis brazos fríos.
- Soy Valery- dijo la chica desprendiendo un aroma a muerte y calor hermoso.
- ¿Sabias que no debes confiar en un extraño Valery?- pregunte divertida. Tosió una vez mas, manchando mi camiseta de sangre, eso despertó la llama que quemaba mi garganta. Arrugué la cara.
Valery me veía fascinada, junte las cejas y la comencé a ver bien. Tenía los ojos del mismo color que yo, la boca un poco más pequeña pero muy parecida a mí, el cuerpo igual de delgado que el mío – ¿que es lo que te sucede?- pregunté realmente consternada, “digo nadie se va enfermo a la selva solo por el placer de ir ¿no?” pensé para mi, se abrazo las costillas, este simple acto me hizo ver lo frágil que era.
- Verás, sabes que estoy agonizando, ¿cierto?- pregunto en un susurró- pues prefiero morir en un lugar bonito, que en una cama de hospital, oliendo a desinfectante- “bueno claro, si yo hubiera elegido mi muerte habría hecho lo mismo, aunque mi deleite no era precisamente la selva” pensé.
“Imbecil”, una vocecita dentro de mi me reprocho a gritos “tu naciste muerta así que deja de pensar idioteces y concéntrate”, volteé a verla , se veía cada vez mas cansada- si te pidiera algo, ¿lo harías?- sonreí forzadamente.
- Depende de que me pidas- susurre para ella, me miro y un nuevo acceso de tos vino a ella. Cuando terminó de toser le limpie la cara con la mano. Este gesto hizo que una de sus calidas lágrimas saliera de la comisura de uno de sus ojos.
-Veras, ya no quiero estar así, deseo que alguien me ayude a- se acomodo en mis brazos- a morir- escuchar la palabra que dijo me hizo sentir consternada, solo un humano muy adolorido haría lo que ella, pedirle a otra persona, un completo desconocido que la “ayudase” a morir. Tragué saliva en mi de por si seca y ardiente garganta.
- Bueno; no lo se, debería consultarlo con la almohada,- dije con un atisbo de humor y volteé a ver a mi alrededor- pero aquí no hay- comencé a reír llena de nerviosismo, me sentía vulnerable ante aquella fuente de comida, si la bebía quedaría satisfecha como para regresar a casa y vivir unas semanas serena, hice una mueca- esta bien, ¿qué deseas que haga por ti?- estaba decidida a tomarla si era necesario. Me miro.
- Quiero que me ahogues- dijo ella. Abrí los ojos y sonreí irónicamente, debía ser broma, ¿ahogarla y dejar que su sangre se desperdiciara llenándose de agua? Nunca. Fruncí la cara.
- No, eso no- dije juntando las cejas- es que aun no ves lo que soy. Por dios- me sentí poderosa hasta rayar en la fanfarronería- podría matarte de otra manera menos tardada y dolorosa, pero debes pedirme algo a cambio; así como un trueque- me miro extrañada. La cara que puso me hizo sentir culpable. Había olvidado dejar de verla a la cara- si, veras; me das tu vida y a cambio me pides lo que quieras- se quedo pensado unos minutos.
-¿Así como un genio?-pregunto con un atisbo de humor. Asentí.
-Si, algo así- dije sin convicción, si me iba a convertir en un monstruo traga humanos debía ser completo. Me encogí de hombros- ¿Qué te parece?
- Buen trato, ¿que quieres de mi?- se veía dispuesta a complacer mis peticiones.
- No es difícil de imaginar Vale –acto seguido le mostré mis colmillos; cuando los guarde la miré preocupada, pero ella parecía no preocuparse por eso, me miro con compasión.
-Sabía que eras diferente, lo note al verte,- tosió y le dio un escalofrió-por eso te pido que me mates-lo sopesé por un momento, ella sabia lo que era y no me temía, pasé mi mano por su cabello.
- ¿Que es lo que quieres de mi?- dije amorosamente quitando el sudor de su frente, respiró con dificultad. Era lo último que iba a pedirme, agonizaba.
- Yo aun tengo familia, necesito que cuides de ellos, de las personas a quien quiero, debes prometer hacer mi vida desde donde se quedó- la miraba con los ojos abiertos como platos, petrificada.
Ella ahora veía a través de mí, sus ojos estaban vidriosos y las lágrimas corrían por sus ojos. Asentí una vez, enjugándolas. Entonces me ofreció su cuello. El néctar que despertó mi hambre como cazador voraz, me acerque lentamente a ella. Cerré los ojos y hundí mis colmillos en su yugular.
Su sabor era indescriptiblemente delicioso, nada que ver con los animales que comía ni con la sangre que me suministraba Josh, mi abuelo y Charlie.
Comencé a ver sus recuerdos, como si viera una película; las veces que había andado a su casa, su familia, sus amigos, nada especifico. Me detuve cuando alguien llamó mi atención; había un chico, se veía febril y débil, estaba en un hospital, yo lo conocía; era un vampiro español, Eric. Ella lo conocía, pero en sus recuerdos se veía triste, decaído; como un pobre loco sentenciado a morir, nada que ver con el vampiro que conocía, ese vampiro hermoso y lleno de vida.
Ahora comprendía porque cuando me conoció me amó. Me quería solo por ser como ella. Como el amor de su vida. Había dejado de verla para no hacerla sufrir. Seguí bebiendo de Valery, las lágrimas rodaban por mis ojos.
Cuando termine la deposite en el barro, se veía tranquila, el poder de ofrecer la sangre era maravilloso, las muertes eran indoloras o había placenteras sesiones de succión para ambas partes.
La observaba cuando apareció un zorro, era su hora de comer.”Vamos amigo, déjala descansar y no te aproveches”. Hice una reverencia y comencé a correr. Ahora ya no viajaba a la deriva. Debía regresar a ver a Hale, él sabría que hacer.
Llegué al bote de Colbat. Me detuve y escaneé el lugar, había alguien. Dejé que mi escudo rodara hasta la presencia, su mirada estaba clavada en mi trasero, con esos jeans se veía increíble a pesar de estar desgastados y sucios, eso me irrito.
-Bonita manera de hacerte sentir… Maldición, deja de verme el trasero, asqueroso pervertido- dije enfurruñada, Soto sonrió socarronamente.
-Hola Carolinee, bonita ropa. Hace meses que no te veía,- se acercó. Me volteé y bufe enseñándole los colmillos. Iba a morderlo, pero ni se inmuto- ¿Dónde estabas?, ¿salvando pobres?- froto su cabello- no tienen muy buen sabor, pero a juzgar por tu color corporal y el tono mas luminoso de piel, ya comiste ¿no?-alzo una de sus pobladas y perfectas cejas y se detuvo a dos metros de mi.
- Sí-contesté sosteniendo su mirada. Se hecho a reír. Me miro de nuevo.
-¿Qué haces en el bote de tu padre?- entrecerré los ojos. Mi padre, hacia casi un siglo que no lo llamaba así, ni siquiera lo recordaba; me hizo sentir un escalofrió en todo mi tiempo inmortal.
Solo había ido dos veces a aquel bote, sabia que él prefería dejar mis cosas en paz, allí había ropa decente para regresar a casa.
Cuando salí de mi ensimismamiento volteé a ver a mí alrededor, Soto había desaparecido. Un par de segundos más tarde apareció de nuevo con ropa para mí.
- Te ahorré el viajecito- susurró ácidamente detrás de mi, contuve la respiración- bueno para que crean que estamos juntos, ya sabes como es esto de ser un Vancouver- beso mi cabeza- vamos a casa- palmeo mi hombro y deposito la ropa en mis mano. Una minifalda, una blusa escotada de algodón y unas alpargatas; debía ser broma, nunca en mi vida había utilizado falda. Volteé a verlo desesperada y él comenzó a reírse, visiblemente divertido de mi reacción- vamos, no encontré nada mejor, además- dijo encogiéndose de hombros, se acerco a mi de nuevo, podía verle las arrugas de los ojos, el fondo de ellos- esas piernas son demasiado perfectas como para arruinarlas con un pantalón ¿no crees?- hice una mueca, pero que demonios, no quería entrar a ese bote.
De mala gana deslicé la blusa por mi torso y me coloque la falda, me senté y acomode mis pies en las alpargatas. Cuando me levante, Soto volteo a verme y silbó.
- Vaya que si eres hermosa, ahora entiendo porque Josué esta tan encaprichado contigo- sonrió, le respondí temerariamente alzando las cejas.
Tiro suavemente de mi brazo. Dejé que me guiara hasta el auto a pocos kilómetros de ahí. Para un tipo como él debía ser un espectáculo grandioso; ver como a una chica se le subía la falda y enseñaba las bragas. Lastima que yo no era esa chica. Cuando comenzamos a correr, utilicé al viento para que mi falda no se levantara, esto irrito a Soto, no pude evitar que se me escapara una carcajada. Al llegar, me deslice suavemente por el asiento de piel del copiloto del coche y me acurruque en él. Soto tardó poco menos de medio segundo en subirse al auto, cuando me vio comenzó a reírse.
-¿Cómoda?- pregunto agarrándose la barriga con las manos y riendo más fuerte, sentí que me ruborizaba, pero ¡eso no era posible! Jamás me iba a ruborizar y puso el coche se puso en marcha.
“Es increíble que un audy no se quede estancado entre el lodo” pensé “bueno” me encogí de hombros “siempre y cuando no sea mi coche, todo está bien”. Sonreí y me concentre en ver mi aspecto exterior, seguro que me veía salvaje, justo como Natalie, con el cabello castaño oscuro, suelto, desenredado y lleno de fango en las puntas. Con una minifalda de mezclilla y una camiseta blanca, acentuando mi piel, ahora llena de barro, mis pies enfundados en un par de alpargatas negras.
- Oye- dijo Soto haciéndome dar un buen salto- ¿tienes frío?- parecía no haberse percatado del susto, lo mire ceñuda.
-¿Frío?- pregunte ladeando la cabeza. Llevo su perfecta mano hacia mi brazo y comenzó a trazar figuritas en él mientras veía como estaba absorta mirando mi brazo.
Tenía los pelos de punta pero extrañamente no sentía frío, negué con la cabeza. Llevo su mano hasta mi cara y acaricio mi mejilla, dejando su mano al final de mi barbilla. Aun seguíamos avanzando por el sendero lleno de fango, pude visualizar a unos veinte kilómetros la carretera de Manacapuru, de ahí hasta Porto Velho y luego viaje de casi tres horas a Rió.
El recorrido fue de casi 6 horas a pesar de ir rápido según mis cálculos, antes de llegar puso música, de esa música violenta que le encantaba. Judas priest, demasiado escándalo para mi.
Entrecerré los ojos del aburrimiento cuando sentí el calor del sol dándome de lleno. Los abrí lentamente y volteé hacia el cielo; Soto había quitado la capota del auto a pocos kilómetros de llegar a casa. Vivíamos en el parque ecológico de Río de Janeiro, Hale lo había comprado para “fines ecológicos” (lo que esa bola de humanos ineptos no sabia era; que esos fines ecológicos incluían alimentar a sus de por si extraños hijos). Voltee a verlo.
-¿Haz enloquecido, imbécil?- grité poniéndome la cazadora de algodón que traía en el asiento trasero. Él por su parte, se había colocado los lentes de sol y me veía con cara de diversión.
- Vamos un poco de sol no mata a nadie- comenzó a reírse. El viento alborotaba sus cabellos negros. Entramos a la casa, mi casa era se esas que aun antes de entrar de verdad había que recorrer casi tres kilómetros de jardín para encontrarla, era así porque al ser vampiros no deseábamos ser molestados por nadie. Al entrar disminuyo la velocidad y paso luciendo su cuerpo hermoso a las chicas que recogían la hojarasca.
Me miro, estaba irritada de su ineptitud. Deseaba bajar del auto e irme caminando. Pero eso seria caer en su juego así que solo me senté ahí, me coloque la capucha de la cazadora y cruce los brazos.
-¿Por qué viniste tu por mi y no algún otro?- pregunte con voz monocorde, detuvo el auto a casi veinte metros del porche de la casa, suspiró.
-Hale estaba preocupado por ti, y pensó que si iba yo, no huirías. Me arriesgaba a ser mordido pero ya estoy acostumbrado a eso- arqueó una de sus cejas y sonrió- Además deberías ver las caras de Josh y Charly-se acomodó el cabello- casi se infartan cuando perdieron tu rastro- bajé la cabeza.
Tenía razón, pero aun así no volvería a casa, aunque claro, eso aun no lo sabía Soto. Bueno sí iba a volver y todo el rollo pero no como yo.
“Aahh, que lío” pensé. Me acomode en el asiento.
-Y ahora que estamos así, me quieres decir ¿Por qué demonios tienes que andar luciendo la piel?, ambos sabemos que el tónico de Hale no es para que lo pongas a prueba, no seas imbecil- espeté y le di un buen golpe en la cabeza, se sobo riendo. Me miro.
- Sabes que me gustan las reacciones humanas al vernos la piel- se estiró felínamente en el asiento- las chicas humanas que trabajan aquí creen que es extravagante, somos ricos hasta los dedos de los pies- se rascó la cabeza de nuevo- creen que nos implantamos algo en la piel- se encogió de hombros- ilusas- puso en marcha de nuevo el coche y lo estaciono en un lugar con sombra. Bajamos juntos y sacó unas maletas de la cajuela, ¿de donde las había sacado?, me encogí de hombros y entramos a la casa.
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