miércoles, 23 de junio de 2010

Capitulo ||| primera parte "costruyendo"

Instintivamente acaricié la mesa del recibidor, estaba feliz de volver a casa, a mi casa, sonreí pensando que todas las casas de mi familia eran iguales o muy similares. Techos victorianos. Paredes color hueso, suelos de duela, y mármol, acogedoras siempre para los de mi especie.
Volteé a ver a Soto, estaba soltando las maletas en el suelo de mármol. Me miro y sonrió, se acerco y me estrecho contra él.
- Debes cambiarte y darte un baño-dijo con voz seductora- apestas- dijo arrugando la nariz, me soltó y se hecho a reír a carcajadas. Lo mordí en el brazo y se calló.
Volteé y subí directo a mi habitación, cuando entré asentí para mi misma; llena de satisfacción, todo seguía igual a como lo había dejado.

Me dirigí hacia el closet a buscar algo más decente. Unos jeans serian buenos, encontré unos hermosos skinny jeans, una blusa de algodón de cuello “v” y unos tenis usados. Suspiré, “con esto debe ser suficiente” pensé.
Fui distraídamente hacia el cajón de la ropa interior y saque lo primero que apareció, bragas y un sujetador.
Caminé al baño con una toalla blanca esponjada. El baño de mi habitación en Río era pequeño, solo tenia lo necesario, aunque contenía muchos espejos para ver mi cambio.
Pasé sin mirarme realmente y entré en la regadera. Me desvestí y coloqué en el suelo la ropa que traía puesta, entré y abrí la llave de la regadera. El contacto con el agua suavizo mis terminaciones nerviosas, tallé mi cuerpo y cabello de modo ausente. Cuando termine, jalé la toalla colgada en el vidrio delantero de la regadera y envolví mi cabello. Me enfunde en una vaporosa bata de algodón y sandalias acolchadas, Salí del baño, caminé hacia la ropa limpia y me cambié.
Cuando terminé, bajé las escaleras, Soto estaba sentado en un sillón de piel blanca de la sala, veía con aire ausente el televisor; cuando sintió mi mirada, volteo y sonrió.
- Mejor- rió - mucho mejor- hice un mohín, se estiró en el sillón y se puso de pie. Caminó hacia mí y volteó hacia la cocina, lo mire confundida y volteé con él. Como si fuera a comer, Roberto estaba sentado en un banquillo de la cocina, leía una revista. Cuando noto que lo observábamos volteó y me sonrió amablemente.
Su aspecto era salvaje. Un vampiro de 1.92 m, cabello castaño oscuro largo hasta los hombros, sujetado en una coleta con un listón de terciopelo negro, vestido simplemente con unos vaqueros de piel y un chaleco de ciervo, de tez olivácea y ojos color violeta, con objetos de sus victimas, trofeos, según sus palabras; iba descalzo y con la piel manchada de barro seco. Silbó al verme con detenimiento.
- Mucho mas civilizada- dijo sonriendo. En un segundo estaba frente a mí, en el espacio entre nosotros paso una brecha de viento, su olor era a vino, uvas en cosecha. Simplemente delicioso.
Pasó su mano por mi mejilla, respondí con un leve gruñido animal. Era tan perturbador verlo, su aroma tan exquisito. Tendría unos 27 años mortales cuando murió y se convirtió y un poco más de 450 años en la nueva vida, él conocía a mi abuelo. Acunó mi cabeza con su mano- te veías extraña; bueno-sonrió tiernamente- de cómo te recuerdo- revolvió mi cabello, sonreí. -¿piensan quedarse mucho por aquí?- preguntó.
Volteó hacia Soto, aun acunando mi cara. El estaba acariciando con aire ausente la puerta del refrigerador, al sentir el escozor de su mirada volteo enfurruñado.
-No lo se- dijo con voz monocorde y volteo a verme- no se que piense hacer - me dirigió una mirada frustrada- aun nadie puede acceder a su mente- volteó hacia la ventana del fregadero y le sonrió a una criada. Era una de las nuevas, ella lo miro y se volteo visiblemente apenada.
Roberto me miró, como estudiándome. Sentí como su mente merodeaba mi escudo intentando descubrir una falla o perforarlo. Le sonreí fanfarronamente y arqueé las cejas. Recreé su mano en mi piel y mis sentimientos acerca de ello. Se sentó en el banquillo en el que se encontraba antes de encontrarlo, suspiró y se cubrió la cara con las manos.
- Vaya- dijo al fin. Relajó su cuerpo al caer en el banquillo- ¿deseas quedarte más tiempo?- pregunto viendo el suelo marmóreo de la cocina. Me acerque a él.
- No puedo- contesté- el clima es horrendo- reí- no es verdad- me senté en el banquillo contiguo al suyo- necesito ver a Hale, es importante- pase mi mano por su brazo- pensaba irme hoy al anochecer- dije mirando su brazo.
Debían ser las cuatro de la tarde, voltee a ver el reloj en la pared frente a mi 4:36 pm debían ser 2:36 en México, Hale llegaría a las cinco de la tarde a casa y eran cuatro de viaje en avión
- Pero gracias por tu hospitalidad- sonreí de manera ausente, pero gentil- tal vez en otra ocasión- me puse de pie y camine hasta donde estaba Soto. Jalé su brazo suavemente. El seguía viendo a la criada nueva.
- ¿Quién es ella?- susurre sensualmente en su oído, volteo a verme. La chica me miraba enfurruñada desde afuera. Soto sostuvo gentilmente mi cara con su mano.
-Es nueva, sabes; talvez me la coma, Hale aun no sabe que esta aquí- sonrió y levanto una ceja- hace tanto que no pruebo sangre humana- su voz era sensual pero al decir humana había adquirido ese tono fiero de depredador, “justo el Soto que conozco”.
Dejó caer suavemente su mano y se sentó en el mueble para preparar comida de la cocina de espaldas a la ventana. Recargó su cabeza en la parte intermedia de las ventanas y llevo sus manos a su cara, la restregó y volteó a verme.
- Entonces, ¿nos vamos hoy?- preguntó. Asentí - de acuerdo- de un salto ágil, casi como una pantera, se puso de pie y en un segundo se deslizo hacia la entrada de la cocina, me dirigió una mirada serena y desapareció.
Me quedé plantada en el suelo hasta que sentí los brazos de Roberto en mi cintura. Me deshice de su abrazo y caminé hacia la puerta de la entrada.
Soto estaba parado con dos maletas en el suelo. Llevaba un bombin negro y se había colocado otra cazadora de piel, sonrió tímidamente.
-¿Lista?- pregunto mirando hacia el suelo. Se veía tan diferente con ese semblante, tan inocente. Pensé en un lobo con piel de oveja. La comparación me hizo sonreír, al ver esto, intento penetrar mi mente al sentirlo le arroje imágenes de como se veía y su comparación, cuando finalice, comencé a reír y Soto coreo mis risas. Roberto nos veía consternado.
De pronto Soto me atrajo hacia él con fuerza y potranco su brazo en mi cintura. Gruñó y Roberto se lanzo sobre nosotros. Soto me lanzo hacia las escaleras y se interpuso entre Roberto y yo. Aterricé en posición gatuna y gruñí hacia Roberto. Me incorporé y me acerqué a ellos. Roberto tenía a Soto en el suelo con la cara hundida en el mármol y Soto había tomado la cabellera de Roberto y la jalaba hacia atrás. Recreé un concierto y me acerque a ellos “esto debe ser de alguno de los dos seguro” pensé.
Tomé a Roberto por la cintura y tire de él. Como pinza soltó a Soto. Lo lancé hacia el sillón del recibidor. Aterrizó estretoneamente pero no se movió. Tomé a Soto por la espalda y lo levante, lo puse frente a mi.
-¿Qué diablos fue eso?- sisee entre jadeos.
Soto y Roberto sonrieron y pusieron los ojos en blanco. Roberto se levantó y comenzó a acecharme. Me puse en guardia, mostrando mis colmillos.
Iba a saltar cuando advertí una mirada. Me detuve como estatua. Charly estaba ahí, en el ventanal de la puerta principal, sentado, observándonos. Cuando se vio descubierto esbozo una leve sonrisa, y de un salto de casi diez metros, aterrizo como si cayera una pluma en el suelo. Caminó hacia mí y me estrecho contra él. ¿Qué era eso? Lo separe de mí de un empujón y lo estudie, molesta. Su rostro era, como de costumbre; algo indescifrable, tan sereno, tan falto de expresión que dolía, hasta que apareció una sonrisa cómica en sus labios.
-Si corriéramos llegaríamos en tres días- dijo intentando sofocar su acceso de risa, voltee a ver confundida a Soto. Este estaba con la cabeza gacha y el ceño fruncido, se veía como un niño regañado. Regresé mi vista a Charly.
- Lleva las maletas al coche, yo la voy a regresar a casa- dijo. Soto gruño y salio por la puerta con las maletas. En medio segundo apareció frente a Charly.
-Listo jefe- dijo ácidamente con la mandíbula apretada. Charlie le sonrió amablemente, me tomo por el brazo y me condujo hacia la puerta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario